sábado, 22 de enero de 2011


Hoy vi en las noticias en grandes titulares: ¡Invasión de cobardes! Y debajo, una larga lista repleta de nombres.
No podía creérmelo, era lamentable, ¡esto es España!…lamentablemente esto es España.
Y salte a la calle a contrastar la noticia y mirando las caras de la gente, se podía notar quien había leído tal confidencia. Estaban más altaneros, no habían entrado en la lista, eran valientes y esbozaban una gran sonrisa. Yo me preguntaba: ¿será cierto y son valientes? o ¿son valientes por haber cobardes? Y para ver si la respuesta era evidente puse a prueba a un tipo bastante sonriente. Le vi de lejos, venia en mi dirección, clavé mis ojos en su mirada y de pronto ya no sonrió, fui de frente a él…y se cambió de acera. Leí de nuevo la notica en un quiosco que quedaba cerca y ya había más cobardes, era aún, una lista abierta.
Seguí añadiendo cobardes a la lista simplemente con una mirada, un mal gesto y unas veces perdía yo, pero las más, ganaba. Así que la lista, lo mismo subía que bajaba.
De pronto reparé en ella, estaba sentada, sola…con cara de amargada. No era valiente era evidente en su mirada. Me plante frente a ella y fue subiendo poco a poco su cabeza y vi como cambiaba su mirada, cuando vio mis ojos y que mi gesto le amenazaba me preguntó que quería, sonriente, mientras se levantaba. Balbuceando alcancé a poco más que decirle, nada, me di la vuelta ante tan bella estampa y tome el puesto que en la lista ella ocupaba.
La gente estaba cada vez más alborotada, nadie quería estar en la lista y en algún momento todos lo estaban. Yo iba por momentos siendo el más valiente, por otros, el más cobarde quedaba. Pero nada de vergüenza no era el único que en la lista estaba.
De pronto una voz: ¡Oye tú! ¿Se puede saber que mirabas? Me di la vuelta y era ella, la de la bella estampa.
En fin no os aburriré con la conversación que entre ella y yo luego se hilaba, solo decir que en ese día de valientes y cobardes me quedó una cosa clara. Que si en el mundo hay valientes, no debería jactarse de serlo ni ir aclamando a viva voz sus batallas, porque alguna vez fueron cobardes, vi que sus nombres en la lista estaban. Nadie es tan valiente ni nadie tan cobarde como para quedar siempre dentro o fuera de la tan nombrada lista, que hoy yo encabezaré al acabar tan largo día, sin prisa, si eso me vale, para conseguir más de una sonrisa.

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